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Salud animal4 de julio de 20269 min de lectura

Glaucoma en perros: por qué es una urgencia y cómo se trata

El glaucoma es un aumento de la presión dentro del ojo que daña el nervio óptico y la retina y puede dejar al perro ciego en muy poco tiempo. Un ojo rojo, doloroso, con la córnea azulada y la pupila dilatada es una urgencia oftalmológica. Explicamos cómo reconocerlo, por qué no se puede esperar, la diferencia entre el glaucoma primario y el secundario, cómo se diagnostica con el tonómetro y en qué consiste el tratamiento.

Glaucoma en perros: por qué es una urgencia y cómo se trata

El glaucoma es el aumento de la presión dentro del ojo hasta niveles que dañan el nervio óptico y la retina, las estructuras que hacen posible la visión. Cuando esa presión sube, el daño se produce deprisa y es irreversible: un glaucoma agudo puede dejar ciego al perro en cuestión de horas o días si no se baja la presión a tiempo. Por eso no es una molestia ocular más, sino una de las verdaderas urgencias oftalmológicas de la clínica veterinaria.

El ojo produce constantemente un líquido interno que también drena de forma continua, y ese equilibrio mantiene la presión estable. En el glaucoma, el drenaje falla, el líquido se acumula y la presión sube. En este artículo explicamos qué es el glaucoma, por qué el tiempo cuenta tanto, cómo distinguir el glaucoma primario del secundario, qué señales debes vigilar, cómo lo diagnostica el veterinario y en qué consiste el tratamiento.


Qué es el glaucoma y por qué daña la vista

Dentro del ojo hay un líquido, el humor acuoso, que se fabrica y se drena de manera continua a través de una zona llamada ángulo de drenaje. Ese flujo constante mantiene la presión intraocular dentro de un rango normal. Cuando el drenaje se obstruye o funciona mal, el líquido sigue produciéndose pero no sale bien, se acumula y la presión dentro del ojo aumenta.

Esa presión elevada comprime y daña las estructuras más delicadas del ojo: las células de la retina que captan la luz y las fibras del nervio óptico que llevan la imagen al cerebro. El problema es que ese daño es irreversible. Las fibras nerviosas que se pierden no se recuperan, y por eso la visión que se pierde por un glaucoma no vuelve. Todo el objetivo del tratamiento es bajar la presión cuanto antes para frenar el daño y salvar la mayor cantidad de vista posible.

El veterinario mide esa presión con un aparato llamado tonómetro. Existe un rango de presión considerado normal, y el glaucoma se confirma cuando esa presión está claramente por encima de esos valores. No es algo que se pueda apreciar "a ojo" en casa: se necesita medirlo.

Glaucoma primario y glaucoma secundario

No todos los glaucomas tienen el mismo origen, y esa distinción es importante porque cambia el enfoque.

  • Glaucoma primario. Se debe a un defecto en el propio ángulo de drenaje del ojo, sin otra enfermedad ocular que lo provoque. Tiene un componente hereditario y aparece con más frecuencia en ciertas razas predispuestas, como el Cocker Spaniel, el Basset Hound, el Beagle, el Chow Chow, el Shar Pei o el Husky Siberiano, entre otras. Suele empezar en un ojo, pero con el tiempo el otro ojo también tiene un riesgo alto de desarrollarlo, así que se vigila de cerca.
  • Glaucoma secundario. Es consecuencia de otro problema dentro del ojo que estropea el drenaje. Las causas más habituales son la inflamación interna del ojo (uveítis), la luxación del cristalino (cuando la lente natural del ojo se sale de su sitio), las cataratas avanzadas, los traumatismos y los tumores intraoculares. Aquí, tratar solo la presión no basta: hay que abordar también la causa de fondo.

Existe además una forma congénita, presente en cachorros de pocos meses, mucho menos frecuente. En cualquiera de los casos, el mensaje para el propietario es el mismo: ante un ojo que se pone rojo, doloroso y turbio, hay que acudir sin demora.

Síntomas que debes reconocer

Los signos de un glaucoma agudo suelen ser llamativos y aparecen de forma bastante repentina. Los más característicos son:

  • Dolor. El glaucoma duele, y mucho. El perro puede mantener el ojo cerrado o entrecerrado, frotárselo con la pata o contra los muebles, esconder la cara o estar decaído, apático y sin ganas de comer por el malestar.
  • Ojo rojo. Los vasos de la parte blanca del ojo se congestionan y el ojo se ve intensamente enrojecido.
  • Córnea azulada o turbia. La superficie transparente del ojo pierde nitidez y adopta un tono azulado, grisáceo o blanquecino por la acumulación de líquido (edema corneal). Es una señal muy típica.
  • Pupila dilatada. La pupila de ese ojo se ve más grande de lo normal y no reacciona bien a la luz, a menudo de distinto tamaño que la del otro ojo.
  • Pérdida de visión. El perro puede chocar con las cosas, estar desorientado o no reaccionar a los gestos por ese lado.
  • Ojo agrandado. Cuando la presión se mantiene alta mucho tiempo, el globo ocular puede llegar a aumentar de tamaño (buftalmia). Es ya un signo de glaucoma avanzado.

La combinación de ojo rojo, dolor evidente, córnea turbia y pupila dilatada es una señal de alarma que no debe esperar. Muchos de estos signos se solapan con los de otras afecciones oculares, y de ahí la importancia de que sea el veterinario quien lo valore.

Por qué el glaucoma es una urgencia

Este es el punto más importante del artículo. El glaucoma agudo es una urgencia oftalmológica porque el daño depende del tiempo: cuanto más tiempo permanezca la presión elevada, menor es la probabilidad de conservar la visión. La ventana para actuar y salvar el ojo puede ser de solo unas horas.

Por eso, un ojo rojo con dolor y córnea turbia no es algo que se pueda dejar "para mañana" ni tratar con un colirio que haya sobrado de otra ocasión. Cada hora con la presión alta cuenta. Trátalo exactamente igual que cualquier otra urgencia veterinaria: busca atención cuanto antes, aunque sea fuera del horario habitual.

Conviene además tener presente que el ojo rojo tiene muchas causas. Una conjuntivitis simple también enrojece el ojo, pero es una molestia leve; una úlcera corneal es una herida en la córnea que también duele y hace entrecerrar el ojo; el glaucoma, en cambio, cursa con dolor intenso, córnea azulada y pupila dilatada. Como desde casa es difícil distinguir una cosa de la otra, la regla segura es: ante un ojo rojo con dolor o con la córnea turbia, que lo vea el veterinario sin esperar.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico del glaucoma se basa en medir la presión intraocular, algo que solo puede hacer el veterinario con el instrumental adecuado.

  • Tonometría. Es la prueba clave. Con un tonómetro se mide la presión dentro del ojo de forma rápida e indolora. Una presión claramente elevada confirma el glaucoma.
  • Exploración oftalmológica completa. El veterinario examina la córnea, la pupila, el interior del ojo y busca signos de la causa (una uveítis, una luxación de cristalino, una catarata, un tumor).
  • Derivación al oftalmólogo veterinario. En muchos casos se deriva a un especialista, que puede estudiar el ángulo de drenaje (gonioscopia) y valorar el estado del nervio óptico y del otro ojo para orientar el tratamiento y el pronóstico.

Medir la presión es lo que distingue un glaucoma de otras causas de ojo rojo, y es también lo que permite decidir con qué rapidez y con qué medios hay que actuar.

En qué consiste el tratamiento

El tratamiento del glaucoma persigue dos objetivos: bajar la presión intraocular cuanto antes para frenar el daño y, cuando existe, tratar la enfermedad que lo ha provocado. Lo pauta siempre el veterinario según cada caso, y suele combinar varias vías:

  • Tratamiento médico. Se emplean colirios y, en la fase aguda, medicación por vía general para reducir la presión con rapidez. En un glaucoma primario, este tratamiento ayuda a ganar tiempo y a proteger el ojo, pero muchas veces no cura por sí solo el problema del drenaje.
  • Tratamiento de la causa. En el glaucoma secundario hay que abordar el problema de fondo: controlar la uveítis, resolver la luxación del cristalino o valorar el tumor que lo está provocando.
  • Cirugía. Cuando el tratamiento con colirios no es suficiente, existen opciones quirúrgicas para mejorar el drenaje o reducir la producción de líquido y, así, controlar la presión.
  • Cuando el ojo ya está ciego y dolorido. Si la visión de ese ojo se ha perdido de forma irreversible y el ojo sigue causando dolor, el veterinario puede plantear procedimientos para eliminar ese dolor de forma definitiva. Aunque sea una decisión difícil, el bienestar del animal, libre de un dolor constante, es la prioridad.

En un perro diagnosticado de glaucoma primario en un ojo, además, es habitual iniciar tratamiento preventivo en el ojo sano para retrasar en lo posible que también se vea afectado.

Se puede prevenir el glaucoma

El glaucoma primario, al tener base hereditaria, no se puede evitar del todo, pero sí se puede detectar antes de que haga demasiado daño. En razas predispuestas conviene estar atento a cualquier cambio en el ojo y comentarlo con el veterinario en las revisiones. Si un perro ya ha tenido glaucoma en un ojo, el seguimiento del otro es fundamental.

En el caso del glaucoma secundario, la mejor prevención es tratar a tiempo los problemas oculares que pueden desencadenarlo: no dejar sin atender una uveítis, vigilar las cataratas o revisar cualquier cambio en el ojo. Muchos tumores y bultos que aparecen en la zona también merecen una valoración veterinaria, como explicamos en la guía sobre bultos y tumores en perros. La revisión periódica, sobre todo en el perro mayor y en las razas de riesgo, es la herramienta más útil para coger el problema pronto.


Cuándo acudir al veterinario

Acude de inmediato, como una urgencia, si tu perro tiene un ojo rojo con dolor evidente, mantiene el ojo cerrado, la córnea se ve azulada o turbia, la pupila está muy dilatada o de distinto tamaño que la del otro ojo, o parece no ver bien. En el glaucoma, cada hora con la presión alta resta posibilidades de conservar la vista.

No pongas colirios por tu cuenta ni esperes a ver si mejora: lo que en un ojo sano sería inofensivo, en un glaucoma puede hacer perder un tiempo decisivo. Lo único que debes hacer es acudir al veterinario cuanto antes para que mida la presión y actúe. Si aún no tienes clínica de confianza, te ayudamos a elegir una buena clínica veterinaria, y para encontrar una cerca de ti puedes buscar por ciudad en nuestro directorio de veterinarios y contactar directamente con el profesional que mejor se adapte a las necesidades de tu perro.

Preguntas frecuentes

¿El glaucoma en perros se cura? El glaucoma no se "cura" en el sentido de desaparecer del todo, sobre todo el primario, que tiene base hereditaria. Lo que se hace es controlar la presión para frenar el daño y conservar la visión el mayor tiempo posible. En el glaucoma secundario, tratar la causa de fondo puede mejorar mucho la situación. Lo decisivo es actuar pronto: cuanto antes se baje la presión, mejor es el pronóstico.

¿Un perro con glaucoma se queda ciego? Puede ocurrir, sobre todo si no se trata a tiempo, porque el daño en el nervio óptico y la retina es irreversible. Sin embargo, un diagnóstico precoz y un tratamiento rápido permiten en muchos casos conservar la visión durante más tiempo. Por eso el glaucoma se considera una urgencia: la rapidez marca la diferencia entre salvar o perder el ojo.

¿El glaucoma duele? Sí, bastante. La presión elevada dentro del ojo provoca un dolor importante, aunque el perro no siempre lo exprese con quejidos. Suele manifestarlo manteniendo el ojo cerrado, frotándoselo, escondiendo la cara o estando decaído y sin ganas de comer. Ese malestar es una de las razones por las que no conviene esperar.

¿Cómo sé si es glaucoma o una conjuntivitis? Desde casa es difícil distinguirlos con seguridad, y por eso conviene que lo vea el veterinario. Como orientación, la conjuntivitis produce un ojo rojo con molestia leve, mientras que el glaucoma cursa con dolor intenso, córnea azulada o turbia y pupila muy dilatada. Ante la duda, y sobre todo si hay dolor, actúa como si fuera lo más grave y acude cuanto antes.

¿Puede afectar a los dos ojos? En el glaucoma primario suele empezar en un ojo, pero el otro tiene un riesgo alto de desarrollarlo más adelante, por lo que se vigila y a menudo se trata de forma preventiva. El glaucoma secundario afecta al ojo que tiene el problema de base, aunque también puede darse en ambos si la causa afecta a los dos. En todos los casos, el seguimiento veterinario es clave.


Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta veterinaria. El glaucoma es una urgencia oftalmológica: su diagnóstico, mediante la medición de la presión intraocular, y su tratamiento deben ser establecidos siempre por un profesional veterinario, ya que de la rapidez de la actuación depende la posibilidad de conservar la visión del animal.

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