Leishmaniosis en perros: síntomas, diagnóstico y tratamiento
La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria grave causada por Leishmania infantum y transmitida por el mosquito flebótomo. Explicamos qué síntomas vigilar, cómo se diagnostica, en qué consiste el tratamiento y cómo proteger a tu perro con repelentes y vacuna.

La leishmaniosis es una de las enfermedades parasitarias más importantes del perro en España y en toda la cuenca mediterránea. No es una enfermedad nueva: el parásito responsable, Leishmania infantum, lleva décadas circulando por amplias zonas del territorio, y el número de perros afectados no ha dejado de crecer a medida que el mosquito vector amplía su área de distribución.
Entender esta enfermedad importa por varias razones. Es grave y puede comprometer órganos vitales si no se trata a tiempo. No tiene cura definitiva en el sentido estricto, sino tratamiento de control a largo plazo. Y es una zoonosis, es decir, puede afectar también a las personas, aunque con mucha menor frecuencia que en el perro.
Qué es la leishmaniosis y cómo se transmite
La leishmaniosis está causada por un protozoo —un parásito unicelular— del género Leishmania. En España y Europa meridional, la especie responsable es casi exclusivamente Leishmania infantum, que afecta tanto a perros como, de forma ocasional, a personas.
El vector de transmisión es el mosquito flebótomo, conocido popularmente como "mosquito de la arena". Son insectos de pequeño tamaño, de actividad principalmente crepuscular y nocturna, que pican al perro infectado, ingieren los parásitos junto con la sangre y los transmiten al picar a otro perro sano. No existe transmisión directa de perro a perro ni de perro a persona por contacto.
Las zonas de mayor riesgo en España son la franja mediterránea —desde Cataluña hasta Murcia y Andalucía—, la Comunidad de Madrid, Canarias y zonas del interior con condiciones climáticas favorables para el flebótomo. El calentamiento climático está permitiendo que el vector aparezca en latitudes y altitudes donde antes no se registraba, por lo que la distribución geográfica del riesgo se está expandiendo.
Síntomas: cómo se manifiesta en el perro
Una de las características más complicadas de la leishmaniosis es que el período de incubación puede ser muy largo. Algunos perros infectados permanecen asintomáticos durante meses o incluso años, mientras en otros la enfermedad se desarrolla con rapidez. Cuando aparecen los síntomas, el cuadro puede ser muy variado, lo que dificulta el diagnóstico en fases tempranas.
Adelgazamiento progresivo. Es uno de los signos más frecuentes. El perro pierde masa muscular de forma gradual a pesar de mantener o incluso aumentar el apetito. En fases avanzadas, la pérdida de peso puede ser muy llamativa.
Alteraciones en el pelo y la piel. El pelo pierde brillo, se vuelve opaco y quebradizo. Pueden aparecer zonas de alopecia (pérdida de pelo), especialmente alrededor de los ojos y en los bordes de las orejas. Una señal muy característica es la aparición de úlceras en el morro, los codos, las orejas o el perfil de la cara, zonas donde el flebótomo suele picar.
Uñas largas y deformadas (onicogrifosis). El crecimiento anormal y el curvado de las uñas es otro signo bastante específico de la enfermedad.
Inflamación de los ganglios linfáticos. Es frecuente palpar los ganglios del cuello, las axilas o los pliegues de las patas aumentados de tamaño y sin dolor.
Lesiones oculares. Uveítis, conjuntivitis o la aparición de opacidades en el ojo pueden ser señales de la enfermedad.
Insuficiencia renal. En fases avanzadas, el riñón puede verse gravemente afectado. El perro bebe y orina más de lo habitual, muestra decaimiento y puede llegar a una crisis renal. El daño renal es una de las principales causas de muerte en perros con leishmaniosis no controlada.
Otros signos menos frecuentes incluyen epistaxis (sangrado por la nariz), lesiones articulares, o alteraciones digestivas.
Diagnóstico: serologías, PCR y más
Ante la sospecha de leishmaniosis, el veterinario combina la historia clínica y los hallazgos de la exploración con pruebas diagnósticas específicas.
Serología (IFAT y ELISA). La técnica de referencia es la inmunofluorescencia indirecta (IFAT), aunque también se usa el ELISA. Miden la cantidad de anticuerpos que el perro ha generado contra el parásito. Un título alto en un perro sintomático apoya el diagnóstico. La limitación es que algunos perros infectados en fase latente pueden tener títulos bajos o negativos, y que perros vacunados frente a la leishmaniosis pueden dar positivo en ciertas técnicas serológicas.
PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Detecta el ADN del parásito directamente en muestras de sangre, médula ósea, ganglios o piel. Es más sensible que la serología para detectar infecciones latentes y útil para monitorizar la respuesta al tratamiento.
Citología y biopsia. En algunos casos, el hallazgo directo del parásito en el microscopio —en aspirados de ganglios, médula ósea o lesiones cutáneas— confirma el diagnóstico de manera definitiva.
Analítica completa. Es fundamental hacer un hemograma y una bioquímica para evaluar el estado general del perro, la función renal y hepática, y el perfil proteico (la leishmaniosis produce característicamente hipergammaglobulinemia, es decir, un aumento marcado de las proteínas de defensa en sangre).
Tratamiento: control, no curación
Aquí conviene ser claro: la leishmaniosis canina no tiene cura total en la mayoría de los casos. El tratamiento controla la enfermedad, reduce la carga parasitaria y mejora la calidad de vida del perro, pero el parásito puede persistir en el organismo. Esto significa que el seguimiento veterinario de por vida es necesario.
El protocolo de tratamiento más usado en Europa, recogido en las guías de la ESCCAP (European Scientific Counsel Companion Animal Parasites), combina dos fármacos:
- Miltefosina: antileishmanial de administración oral que actúa directamente sobre el parásito. Se suele dar durante 28 días en la fase de inducción.
- Alopurinol: antiprotozoario que se administra de forma crónica, generalmente durante meses o años, para mantener controlada la infección una vez resuelta la fase aguda.
En algunos casos se emplean también los antimoniales pentavalentes (antimoniato de meglumina), aunque su uso ha ido cediendo terreno frente a la combinación anterior por comodidad y perfil de efectos secundarios.
La respuesta al tratamiento es variable según el estadio de la enfermedad en el momento del diagnóstico. Los perros con afectación renal grave tienen peor pronóstico. Por eso, el diagnóstico precoz es determinante.
Durante el tratamiento y el seguimiento, el veterinario repetirá analíticas de control —función renal, proteínas, serología— para evaluar la evolución y ajustar la pauta si es necesario.
Prevención: repelentes y vacuna
La prevención es el pilar más sólido frente a la leishmaniosis, especialmente en zonas de riesgo.
Repelentes homologados. Los productos que han demostrado eficacia son los collares con deltametrina (como el Scalibor), las pipetas con permetrina y otros repelentes con acción antiparasitaria externa. Su función es repeler al flebótomo y evitar que pique. Es importante usarlos de forma continuada durante la temporada de actividad del mosquito —que en climas suaves puede extenderse buena parte del año— y renovarlos según las indicaciones del fabricante.
Vacuna CaniLeish (y otras disponibles). Existe vacuna frente a la leishmaniosis para perros. La vacuna no garantiza una protección del 100%, pero reduce de forma significativa la probabilidad de desarrollar la enfermedad clínica si el perro se infecta, y disminuye la gravedad del cuadro. Se recomienda combinarla con los repelentes, no usarla como sustituto. Antes de vacunar, el veterinario comprobará que el perro no está ya infectado mediante serología.
Medidas de manejo. Evitar paseos al amanecer y al atardecer en temporada de riesgo, usar mosquiteras en ventanas y limitar la exposición en zonas con alta densidad de flebótomos son medidas complementarias útiles, especialmente en perros con alto riesgo o en zonas muy endémicas.
Si buscas un veterinario de confianza en tu zona que pueda valorar el riesgo para tu perro y orientarte sobre las opciones de prevención, encuentra tu veterinario en nuestro directorio. Y si tu perro presenta alguno de los signos descritos, nuestro artículo sobre urgencias veterinarias puede ayudarte a valorar cuándo acudir sin esperar.
Preguntas frecuentes
¿La leishmaniosis es contagiosa para las personas?
Sí, es una zoonosis, pero la transmisión al ser humano es mucho menos frecuente que en el perro. El parásito necesita pasar por el flebótomo para infectar: el contacto directo con un perro enfermo no transmite la enfermedad. Las personas con mayor riesgo son las que están inmunocomprometidas (por ejemplo, en tratamiento oncológico o con VIH). En condiciones normales, el riesgo para una persona sana que convive con un perro con leishmaniosis es muy bajo.
¿Cuánto tiempo puede vivir un perro con leishmaniosis?
Depende del estadio de la enfermedad en el momento del diagnóstico y de la respuesta al tratamiento. Los perros diagnosticados en fases tempranas, con función renal conservada y buena respuesta al tratamiento, pueden llevar una vida prácticamente normal durante muchos años. Los casos con daño renal importante tienen peor pronóstico, aunque el tratamiento y el manejo adecuado pueden prolongar y mejorar su calidad de vida. El seguimiento veterinario regular es imprescindible.
¿Cuánto cuesta el tratamiento de la leishmaniosis en perros?
El coste varía según el peso del perro, la gravedad del caso, la clínica y la localización geográfica. A modo orientativo, el tratamiento inicial con miltefosina y las primeras analíticas puede situarse entre 150 y 400 euros. El alopurinol es un fármaco relativamente económico, pero su administración de por vida supone un coste continuado. A eso hay que sumar los controles analíticos periódicos. En conjunto, es una enfermedad que requiere un compromiso económico a largo plazo.
¿Puedo vacunar a mi perro aunque viva en una zona de bajo riesgo?
La vacuna se recomienda principalmente en zonas endémicas o en perros que viajan con frecuencia a regiones de riesgo. Si vives en una zona de baja prevalencia, la decisión depende del perfil de tu perro y de sus desplazamientos. Tu veterinario es quien mejor puede valorar si está indicada en tu caso concreto, así como qué combinación de medidas preventivas tiene más sentido para tu situación.
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